jueves, 17 de febrero de 2011

Iguales pero distintos


Se pregona en los medios, en las instituciones, en todos los ámbitos de esta sociedad, la igualdad entre el hombre y la mujer y que sólo hay diferencia de género entre ambos.
Es así. Gozamos del derecho a trabajar, estudiar, a realizarnos como personas. Hoy también nos alcanzan los derechos constitucionales como es el elegir y el ser elegida.
Las mujeres incursionamos en varias profesiones: desde peluquería hasta ingeniería; desde chef hasta bioquímica, artista, chofer, política…Resultaría extensa la nómina donde el “sexo débil” está presente y se desenvuelve exitosamente.
La desigualdad surge cuando se refiere a obligaciones, en donde también reclamamos igualdad. Tenemos las obligaciones del hogar, que antaño era exclusivo desempeño de nuestras abuelas: cocinar, lavar, planchar, ayudar a los hijos con las tareas escolares, llevarlos a los cumpleaños, acordarnos de comprar el regalito para el agasajado, atender al esposo cuando llega de su trabajo. Y aunque hoy en día estas actividades se comparten entre los miembros del grupo familiar, todavía quedan resabios de una postura machista, cuando ante una frenada brusca con nuestro auto, el conductor del otro móvil nos grita dulcemente “andá a lavar los platos”.
Es evidente que no es lo único que hacemos “lavar los platos”…
Caso contrario, ante una mala maniobra de un experto conductor con su auto, ¿le decimos “andá a cortar el césped” o “andá a arreglar el toma de la luz”?, que por cierto, también solemos hacer.
Afortunadamente no son muchos estos casos, aunque las mujeres debemos estar en constante lucha por alcanzar la igualdad con el hombre en muchos espacios todavía. Y recordarles que conservamos la esencia femenina: una flor, un poema o una mesa con velas para dos, nos sigue conmoviendo y desarmando.
Ante esto no hay coraza que resista.

Reflexión escrita por María A Becker